
La historia de Cascajares es la historia de dos jóvenes emprendedores, Alfonso Jiménez Rodríguez-Vila y Francisco Iglesias, que con apenas 19 años y una inversión inicial de 160.000 pesetas decidieron poner en marcha un proyecto basado en la transformación y comercialización de productos agroalimentarios de calidad. Lo que comenzó como una aventura empresarial llena de ilusión y pocos recursos se ha convertido, más de tres décadas después, en una de las compañías de referencia de la gastronomía preparada premium en España.
La primera gran apuesta de Cascajares fue la comercialización de un capón entero enlatado. Lo que para muchos parecía una locura, para sus fundadores era una oportunidad para unir tradición e innovación. Poco después recuperaron otro producto tradicional de la cocina zamorana, las crestas de gallo confitadas en grasa de pato, convirtiéndolas en una referencia gastronómica presente en algunos de los mejores restaurantes del mundo.
El crecimiento de la compañía permitió en 1998 abandonar las instalaciones alquiladas y construir la primera fábrica propia en Villamuriel de Cerrato (Palencia). Ese mismo año Alfonso Jiménez recibió el premio Empresario del Año de la provincia de Valladolid. Desde sus inicios, Cascajares ha mantenido un firme compromiso social. La integración laboral de personas con discapacidad ha sido una constante en la compañía, llegando a representar una parte significativa de la plantilla. Este compromiso se reforzó con la creación de la Fundación Cascajares en 2011, dedicada a la inserción sociolaboral de personas con discapacidad y al desarrollo de proyectos solidarios. Además, desde hace más de 25 años la compañía organiza la tradicional Subasta Benéfica de Capones, que ha permitido recaudar más de 1,6 millones de euros para distintas causas sociales.
La expansión nacional llegó a comienzos de los años 2000 mediante una amplia red de distribución que permitió la presencia de los productos Cascajares en todo el territorio español. En 2001 Alfonso Jiménez fue reconocido como Empresario del Año de Castilla y León. Uno de los momentos más importantes en la historia de la compañía tuvo lugar en 2004, cuando el Capón de Cascajares fue elegido como plato principal del banquete de boda de Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias, hoy Reyes de España. Este acontecimiento supuso un punto de inflexión para la marca, proporcionando una enorme visibilidad nacional e internacional. El fuerte crecimiento experimentado durante esos años impulsó la construcción de una nueva planta de elaboración en Dueñas (Palencia), inaugurada como una de las instalaciones agroalimentarias más avanzadas de España.
En 2009 el Ministerio de Agricultura concedió a Alfonso Jiménez el Premio Alimentos de España por su trayectoria empresarial, su capacidad innovadora y su contribución a la recuperación y valorización de productos tradicionales. Ese mismo año comenzó la expansión internacional de la compañía con el lanzamiento del proyecto Cascajares Canadá. La apuesta culminó en 2011 con la inauguración de una fábrica propia en Quebec, permitiendo a la empresa desarrollar su actividad en Norteamérica y comercializar productos tanto en Canadá como en Estados Unidos. Durante esta etapa, Cascajares recibió numerosos reconocimientos empresariales, entre ellos el Premio Nacional de Marketing, el reconocimiento como Mejor Pyme del Año por la revista Emprendedores y el CECALE de Oro de la provincia de Palencia.
En paralelo, la compañía fue reforzando su apuesta por la innovación, el desarrollo de nuevas líneas de producto y la digitalización de su actividad comercial, convirtiéndose en una de las empresas pioneras en la venta online de productos gastronómicos preparados en España. La década de 2020 supuso una aceleración del canal digital y del negocio de venta directa al consumidor. Cascajares consolidó su liderazgo en campañas estacionales como Navidad, Acción de Gracias o celebraciones familiares, llegando cada año a miles de hogares en toda España.
Sin embargo, el mayor desafío de la historia de la compañía llegó el 26 de enero de 2022, cuando un devastador incendio destruyó por completo la fábrica de Dueñas. El suceso conmocionó al sector agroalimentario español y puso en peligro la continuidad de la actividad empresarial. Lejos de rendirse, Cascajares protagonizó una de las mayores historias de resiliencia empresarial de los últimos años. Gracias al esfuerzo de empleados, clientes, proveedores, instituciones y colaboradores, la compañía logró mantener su actividad, reorganizar la producción y seguir atendiendo a sus clientes. Apenas unos meses después ya estaba operando desde instalaciones provisionales y trabajando en la construcción de una nueva fábrica. La respuesta de la sociedad fue extraordinaria y convirtió a Cascajares en un ejemplo de superación y capacidad de reconstrucción. La nueva planta de Dueñas fue diseñada incorporando los últimos avances tecnológicos, de sostenibilidad, seguridad alimentaria y eficiencia productiva.
Actualmente, Cascajares continúa desarrollando su actividad con presencia nacional e internacional, manteniendo los valores que impulsaron el proyecto desde sus orígenes: innovación, calidad, tradición gastronómica, compromiso social y espíritu emprendedor. Más de treinta años después de su fundación, Cascajares sigue demostrando que los grandes proyectos nacen de las ideas, del trabajo y de la capacidad de reinventarse ante cualquier adversidad.